Un reparto de altura -Hugh Jackman, Russell Crowe o Anne Hathaway, entre otros- no ha sido suficiente para que el realizador Tom Hooper pudiera superar el peso de una música instalada en la memoria de millones de personas que han visto en el teatro el musical de “Les Misérables” o que han escuchado sus popularísimas canciones.
La música, esta vez, ha superado a la imagen, a la historia y a los actores, pese al tremendo esfuerzo de puesta en escena, de entrenamiento o de grabación en directo.
Anne Hathaway está fantástica como Fantine. Su dramatismo, su sacrificio físico -perdió 11 kilos en cinco semanas- y su gran voz hacen que sea la actriz perfecta para un papel que reafirma su calidad interpretativa. Hugh Jackman cumple en el papel protagonista de Jean Valjean, pese a su, a veces excesiva, omnipresente presencia. Y Russell Crowe compensa con su fuerza la mala calidad de su voz.
El resto del reparto también cumple su cometido y la película cuenta con una escenografía de calidad. Pero Hooper ha sido tan fiel al musical que ha perdido de vista el hecho de que el cine y el teatro son dos medios que requieren de lenguajes diferentes.



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